Una película que defrauda en canes

Por un día, Canes fue Perpiñán. La esperada Love, experimento porno de amateur en 3D del siempre polémico Gaspar Noé, provocó colas interminables y aglomeraciones a la proyección de madrugada de Grand Theatre Lumiére -sesión de gala en que se mezclaron los talones altos de los invitados y los zapatos planos de la prensa- y carrerillas para entrar a la segunda sesión de la mañana. Un frenesí erótico poco justificado: muy silbada, Love no levantó pasiones precisamente. A no todos les gusto estos videos porno

Love arranca sin más preámbulos con una pareja, el Murphy y el Electra, masturbandose tranquilamente hasta que el primero eyacula. A continuación reencontramos el Murphy años después, casado con otra mujer y un hijo pequeño. Una llamada de la madre de la Electra le hace revivir en una serie de flash-backs una relación apasionada marcada por el deseo de experimentación y las drogas. Polvos clásicos, menage a trois, orgías en clubes de intercambio de pareja y un intento frustrado de trío con un transsexual dejan constancia de su alta y variada productividad sexual. Y entre clave y clave, un recorrido dramático plan y rutinario por los altibajos sentimentales de la pareja.

Más allá de su utilidad como estímulo sensorial, Love resulta interesando por su acercamiento al sexo, alejado de los códigos del porno, del cine erótico y el porno español. Algunas de las escenas de sexo -especialmente el trío con la vecina- exudan auténtica belleza y una fuerza que proviene tanto de la acción como de la forma en qué Noé la filma. “Quiero filmar el sentimiento del sexo!”, proclama a Love el Murphy, embrión de cineasta que quiere hacer películas donde haya “sangre, esperma y lágrimas”. La intención se loable, pero la falta de consistencia dramática, los diálogos ridículos, la fotogénia vacía de los personajes y la pirotecnia narrativa -¿hacía falta un plan subjetivo de un coito desde una vagina?- pierden Noé. La escena en que un pene eyacula a cámara, además de ser el único momento en que el 3D se deja notar -demasiado y todo-, resume a la perfección el resultado final.

 

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